Y llegó el día. Se anunció con una media sonrisa, un frotar de manos, una mirada divertida. “Bueno, os comunico que dentro de unas dos semanas, el 14 de febrero para ser más exactos, tendremos por aquí a nuestro queridísimo Sifu, así que... vamos a trabajar un poquito, señores. Y señoritas”.
Dicho y hecho. Repasamos el programa de 2º, vemos sus posibles variaciones, las que puede hacer Sifu y lo que podría hacer si le da el punto. Surgen las preguntas:
- Si no hace nada: Entras en cuña. Vale.
- Si se te escapa un golpe: Mejor que no se te escape. Cierto.
- Si te lleva al suelo y se pone encima: Haz la gamba. Esto...
Punto 1: Es algo complicado de hacer, sobre todo si tienes a alguien encima.
Punto 2: Es aún más complicado si ese alguien tiene como 100 kilos de masa
corporal.
- Si te coge por detrás: Prueba a pisar, dar patadas o cabezazos.
El último punto se lo pregunté a Pepe ex-profeso. Algo me sospechaba, sobre todo después del cabezazo, aunque según el, para qué iba nadie a cogerme por detrás, y mmucho menos Sifu. Ya veremos, que seguro que me tiene fichada.
14 de febrero. 16:40. El curso en Alicante se ha alargado y ha terminado a las 14:30 en vez de a las 13:30. Por eso llega 40 minutos tarde y, además, algo... cabreado porque el nivel allí no le ha hecho mucha gracia. A ver qué pasa.
Hay 18 tíos, 2 tías (Fuensanta y yo) y 5 Grados Técnicos (GT). Faltan los de Cartagena y Miguel, mi profe de las mañanas, se va a eso de las 19:00 a trabajar. Moraleja: Sifu, no hagas cursos los 14 de febrero.
Empieza el curso. Explica el ejercicio, va mirando, corrige a nivel individual, global, resalta los fallos, explica por qué se falla, cómo se puede solucionar, suelta un par de galletas, vuelve a explicar lo de las fronteras, tu cuerpo es tu país, tus brazos tu ejército y tu cabeza tu capital, repite con un compañero el ejercicio, al ver que lo hace mal le da un galletazo... Empieza a hacer calor en la sala. Los cristales, empañados. En esos momentos, nos “alegramos” de que falten los cartageneros. Menos gente, menos calor. Pero aún así... sudamos de lo lindo.
Exámenes. Sifu nos separa en grupos. Los de 1º a un lado, los de 2º a otro... Cada uno a repasar su programa. Exámenes de primero. Bien, se queda contento. Exámenes de segundo grado. Somos cuatro. La cosa se pone más seria. Se hace el silencio, más o menos, y se forma un círculo alrededor de Sifu.
Se dirige hacia Fuensanta. Ella entra en cuña inversa. Sifu hace un amago de seguir andando hacia delante y ella le empuja. Acaba empotrado en la pared. Murmullos. Los GT flipando. Pepe, sorprendido. Tranquilo profe, que todavía queda tarde y el examen no ha hecho más que empezar.
Sifu se ríe, le hace un ejercicio del programa de segundo y... al suelo. (N. del E.: 10 días después me enteré de que al señorito le encanta el suelo). Después de unos cuantos forcejeos y desplazamientos, para limpiar un poco el suelo, pellizcos y puñetazos, pillen donde pillen (y tengo entendido que un pellizco fue justo al ladito de... ahí) Sifu se sienta (o casi) encima de Fuensanta. “Ah”, dice, “eso es lo de la gamba”. Él se ríe y asiente. “Ya, pero...” Ese pero significa cómo-esperas-que-te-mueva-si-apenas-hemos-trabajado-en-suelo. Al final, y después de que el tío deje caer poco a poco su peso sobre ella y ya no hay más salida posible que la rendición, se aparta y se arrodilla frente a ella, le coge las piernas y con una mano le agarra del pantalón y hace ademán de bajarlo. Recibe una patada en los... weno, cerca, la verdad. Sonríe, asiente y la suelta. Nos mira a los demás. “Muy bien, la verdad. Veréis, he hecho esto porque es lo más normal que le ocurra a una mujer. Pero muy bien defendido”.
Se ponen de pie. Fuensanta vuelve a entrar con la cuña, Sifu la coge por detrás. Recibe un par de patadas en las piernas y varios intentos de codazos. Le sugiero que pruebe con los cabezazos. Él sonríe y ella vuelve a ir al suelo. Sifu le indica cómo salir, Pepe y Marcos le ayudan a colocar los pies y ella acaba marcándole un golpe en la cabeza con el talón. Bien. Fuensanta se pone de pie y Sifu se queda en el suelo. Él le tiende una mano para que le ayude a levantarse. Ella lo hace. Error. Vuelve a ir al suelo. “Nunca te fíes de nadie” le dice. Y la suelta.
Se ponen de pie. Él le tiende la mano dando por finalizado el examen. “Bufff... muy bien, enhorabuena”. Le sonríe y me mira.
P.D.: N. del A. significa Nota del Autor.
lunes, 1 de marzo de 2010
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