domingo, 21 de marzo de 2010

Morir Matando, 5º Round, 1ª parte

El Rollo. Murcia. Sábado. Veintisiete. Febrero. Dos mil diez. Ocho horas. Veinticinco minutos. Fernando, Laura y yo esperamos a Juan, que llega, puntual, a las ocho y media.

Decido que es muy temprano y que una hora larga de viaje es mucho viaje, así que me pongo los cascos, me apalanco y duermo hasta que llegamos a Benidorm.

Siguiendo la premisa de “en cuanto lleguéis a Benidorm vais a ver unos carteles por todos lados indicando por dónde tenéis que ir” llegamos casi a la playa. Damos la vuelta y en la primera rotonda giramos a la izquierda en dirección a La Nucía, según indicaciones de la señal indicatoria. Empezamos a ir justos de tiempo y seguimos sin ver nada que nos señale la dirección a seguir para llegar al polideportivo. Salimos de La Nucía, llegamos a Polop y rien de rien. Volvemos a dar la vuelta y nos aparece una señal con un “Poliesportiú” bien hermoso.

Llegamos unos diez minutos tarde y se suceden las reacciones. Rafa me mira flipando, Pepe resopla diciendo “Madre mía” y sifu Pepe, tras negar con la cabeza, suelta un “Hasta que no te quites eso, no te saludo” cuando me acerco a saludarle. “Pues bien bonita que es”, le replico pasando la mano derecha por encima del escudo del Barça. Aparece Sifu, saluda a los demás, me mira, suspira, “Esa camiseta…”. “Ya la verás al medio día”, pienso. Y… joder que brazacos. Como para decirle “Visca Barça”, leche.

Vestuario, cambio de camiseta, pista, consigo saludar a sifu Pepe que por lo visto prefiere más una camiseta azul marino a la del Barça y charla de inicio del curso. Explica el por qué de la separación, del cambio y el desarrollo del nuevo sistema. Comenzamos.

Secuencia de ataque. Primero en estático, sólo con cargas de peso pero siempre atacando al eje y al que se le añade el desplazamiento poco después. Continuamos con las cuatro reacciones básicas. Primero vistas de forma individual y, una vez vistas, todas juntas. Le doy trabajo al chico con el que me he puesto. No lo tiene muy entrenado, por lo que tardamos un poco en cambiar el rol. Mientras, Sifu no ha parado de corregir y explicar, de dar vueltas, pabellón arriba y pabellón abajo, mirando. Hay veces que se para, observa, sigue dando vueltas… Cuando está cerca le sigo con el rabillo del ojo, no sea que se le ocurra engancharme por detrás para hacerme soltar un “Alá Madrid”, que ya le gustaría. Cierto que si quiere enganchar, engancha, pero por lo menos que le pueda meter un par de patadas como mínimo. Cambio de ejercicio con demostración de Sifu con Iñigo, un GT, y… wow… El tío además hay veces que se para y explica a cámara lenta algún que otro movimiento. “Venga, ahora vosotros” dice cuando termina mientras da una palmada. “No os pido que salga así, pero más o menos”.

Miro a mi compañero, que sonríe y resopla. “Habrá que intentarlo”, dice. Lo que tenemos que hacer es la secuencia de forma fluida mientras el compañero lanza golpes. Lo intentamos pero tras ese momento de joder-qué-tío-cómo-se-mueve-ya-me-gustaría-a-mí-hacer-eso, llega el momento del bajón más absoluto del día porque, oh cruel casualidad, destino, sino y la madre que parió a los dioses celtas, griegos, romanos, germanos y egipcios, nos encontramos rodeados de grados técnicos. No es justo. Después de ver a dos maquinitas, esto ya es demasiado. Vergüenza debería darles, rediós. Se lo digo a Pepe añadiendo, además, que tienen kilómetros de pabellón para ellos solitos y para evitar depresiones en sus alumnos. Ríe y me contesta que somos nosotros los que tenemos kilómetros de pabellón para evitar depresiones por culpa de nuestros instructores. Jum… Por último, realizamos la secuencia de ataque desde fuera de distancia, cubriendo fronteras.
Tras tres horitas largas de curso plagadas de interrupciones necesarias para, sobre todo, aclarar dudas, acabamos. Me acerco a Pepe a comentarle algo y sifu Pepe, a traición y por la espalda, vil bellacos los españoles estos, me corta el cuello con las llaves del coche. Respondo marcándole un codazo. “Ey, ¿que me vas a pegar si te he cortado el cuello?”, pregunta mientras asiento. “Uy, ésta… no lo sabes tu bien”, responde mi sufrido instructor. “Pero si te he cortado el cuello…” dice mirándome. “Pero antes de morir, si aún puedo pegar…”, sonrío. Nos vamos al vestuario y luego a comer.

Llegamos al restaurante. La peña flipando, Pepe, el pobre, que vuelve a resoplar, sifu Javi que me medio sigue con la mirada, Sifu y sifu Pepe que niegan con la cabeza.

Hay dos mesas alargadas y me siento en la del fondo, en el lado de Sifu pero justo en el otro extremo, junto a los alicantinos y Laura. En la otra mesa, justo enfrente, tengo a Juan, Fernando y a sifu Javi, que lanza, de vez en cuando, alguna que otra miradita al escudo.

Antes del postre decido que tengo que ir al baño. Cuando llego al final de la mesa, Casimiro, sentado a la vera izquierda de Sifu me engancha del brazo: “Mira Sifu, del Barça”, le suelta como si el tío aún no se hubiera dado cuenta. Se levanta, miro a Pepe que levanta las cejas en plan culpa-tuya-no-quiero-saber-nada, miro a Sifu, nos mantenemos la mirada y… puño al hígado.

Doblo, más por la sorpresa que por el dolor (los he recibido más fuertes xD ) y me intento zafar de eso que llaman brazo. Levanto la rodilla pero se protege a tiempo y le doy en el muslo. “Saludos de Adrián”, me dice cuando consigue hacerme la mataleón que andaba buscando y obteniendo como respuesta un “Vale, que joputa” y una lluvia de patadas, pisotones, puños, codazos y semi-mordiscos (apenas si le rocé con los dientes, la verdad) antes y durante la mataleón, que ignora al igual que los toquecitos que le doy cuando empieza a faltarme el aire. Afloja un poco al notar que me hace falta un chute de O2 con relativa urgencia. Oigo un par de “Vamos, Sifu, suéltala” en el punto álgido de esa falta de aire a los que responde, cuentan, con un par de miraditas ¬¬ y un rotundo “No, si aún no se ha desmayado”. Genial… Le pego un par de patadas más, me suelta y se sienta dándome unas palmaditas en la espalda.

“¿Qué?”, pregunta Pepe. Respuesta: “Mola”. Sonríe, “No, si encima…” dice mientras niega con la cabeza. Sigo queriendo ir al baño pero Casimiro vuelve a retenerme. “Venga, ahora en alemán”. “Geil”, digo pasando por detrás de Sifu mientras le engancho brevemente lo que se supone son los trapecios. Le pregunto a la camarera por dónde queda el baño y cuando contesta me pregunta que cómo voy. La pobre…

Regreso y doy un mini-rodeo para evitar en mayor medida a sifu Pepe, que está sentado en la cabecera de la mesa. “No te voy a hacer nada” dice, pero más vale prevenir, jefe. Intento pasar lo más deprisa posible por detrás del mister pero me vuelven a medio retener para que cante el himno del Madrid en alemán. Mientras, Pepe me dice con la mirada que me largue, yo encantada pero estoy retenida shi-hing, y a Rafa que me enganche del brazo y me aparte del miura.

Llego a mi sitio sin sufrir más percances, sifu Javi me vuelve a dedicar un par de miraditas y cuando terminamos de comer, volvemos al pabellón.

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