Estoy de brazos cruzados. Le mantengo la mirada. Se acerca a mí lentamente, en plan macarra. Me alejo unos pasos y me pongo en posición de guardia. Se acerca, se aleja, seguimos manteniéndonos la mirada.
“Was?, le suelto (¿Qué?, en alemán)
Kit-Kat: según tengo entendido, Sifu se crió en Alemania y, por lo tanto, habla alemán. Así que lo que voy a hacer es escribir nuestras breves conversaciones en alemán y entre paréntesis la traducción al español. Fin del Kit-Kat.
Se queda un poco pillado. “Ah, sprichts du Deutsch? (“Ah, ¿hablas alemán?), “Sicher” (claro), respondo. Asiente y hace como que se viene a por mí. Salgo en cuña y le freno. Da un paso para atrás y pone su brazo derecho a la altura de la cara para “protegerse”. Genial (nótese el tono sarcástico), programa de primero. Le aparto el brazo, puño en cadena. Hace amago de darme con su brazo izquierdo. Hago la cuña y, al hacerlo, le marco un puñetazo en la cara con el dorso de mi mano derecha y evito que me de con su izquierda. A ese movimiento, le sigue un puñetazo con la izquierda, cosa que hago. Pum. Se lo suelto. Se me ha escapado y en vez de marcar el golpe, le he dado. Me quedo parada. “Uh, entschuldigung” (Uh, perdona). Me mira, sonríe, me saca la lengua, me guiña un ojo y me suelta “Mach’s nichts” (No pasa nada). Si, si… que no pasa nada, dice. Me lleva al suelo.
Caigo como me han enseñado. La cucaracha, lo llamamos. Es… como el gol que celebraron los del Real Madrid, patas arriba, solo que en vez de tener las dos piernas en el aire, es sólo una. Su estómago se medio empotra contra mi pie levantado. Se aparta y vuelve a la carga. Mi pie sigue donde estaba, pero como quien oye llover. Acabo con el tío encima. Le doy, o al menos lo intento, rodillazos, patadas y puñetazos para evitar que se me apalanque encima como hizo con Fuensanta.
Vano intento. Acabo con los brazos prácticamente inmovilizados y con Sifu dejando caer su peso poco a poco sobre mí. Yo, por supuesto, sigo intentando quitármelo de encima. “Wie geht’s? Gut?” (¿Cómo vas? ¿Bien?). Le gruño un poco. “Gut” (Bien), le contesto. Error. Se ríe y deja caer todo su peso, apalancándose. Poco después, decide moverse y se medio sienta encima de mi. Mierda. Para salir de ahí tengo que hacer la gamba. Marcos me coloca bien los pies y Sifu me da indicaciones hasta que acabo por quedarme con mi rodilla justo delante de su cara.
“Und jetz?” (¿Y ahora?) pregunto. “Und jezt musst du mich mit deinem rechten Knie ins Geschicht hauen” (Y ahora me tienes que pegar con tu rodilla derecha en la cara”). Le marco un rodillazo en la cara. “Und mit den linken” (Y con la izquierda). Lo hago. “Und noch ein mal” (Y una vez más). Vale. Marco otro rodillazo con la izquierda. “Und jetz musst du weg laufen” (Y ahora tienes que irte corriendo). Amén a eso.
“Le he dicho que me diera un rodillazo con la derecha en la cara, luego otro con la izquierda, y otro más y que se fuera corriendo (risas). No por nada, si no porque si esto fuera en la calle, yo también lo haría, no esperaría a que el tío se recuperara”. Me mira y me tiende la mano. Je, je, je… viejo zorro… “Neeeh…, Sie können sich alleine aufstehen” (No, se puede levantar solo), le digo mientras me pongo en guardia y el se levanta riendo. Veo a Pepe de reojo. Creo que se debate entre la… satisfacción y el tierra trágame.
Sifu vuelve a por mí. Intento defender en cuña, le marco un par de puñetazos y me acaba medio inmovilizando. Tengo su brazo izquierdo justo delante de mi cara, porque es el que me está enganchando. “Und jetz?” (¿Y ahora?) me pregunta. Sólo hay, que yo sepa y/o pueda ver, una salida posible. “Kann ich beissen” (Puedo morder), digo en una medio afirmación, medio pregunta. Sonrisa, cara de haz-lo-que-te-de-la-gana y una respuesta tranquila e inesperada. “Beiss” (Muerde). Me quedo a píxeles y, sin saber cómo, acabo en el suelo, boca abajo, después de caer con todo el lado derecho de la cara. He de admitir que hasta que no me dijeron que caí de cara no sabía por qué me dolía un poco el hueso ese que está debajo del ojo (maxilar superior derecho, lo llaman), en fin.
Y otra vez que intento salir. Pero ahora estoy boca abajo y está más chunga la cosa. Noto que me coge el brazo izquierdo. Me revuelvo. La leche… me duele el hombro. Seguro que me lo ha pillado. Intento que me suelte dándole un par de puñetazos. Nada. Le lanzo una patada con la pierna derecha. Nada. Oigo murmullos y un par de vayas, alas, y uys. Más tardes, Marcos me dice que le di en todos los… bueno, eso. Forcejeo un poco más pero como cada vez que pestañeo me duele el hombro y no quiero que me lo saque, cosa que pienso en un par de ocasiones, paso de morir matando.
“Ja, schon gut, ok?”. “Nein, ich werde mich bewegen wenn ich will”. Me quejo. Se ríe. “Me ha dicho que ya, que vale, que me quite de encima, pero yo le he dicho que no, que me moveré cuando me de la gana”, traduce a los demás. Me vuelvo a quejar mientras él está to a gusto, apalancao encima de mí. Se me acerca al oído. “Tut weh?” (¿Duele?) pregunta el joputa. Si sabes que sí, pa’ que preguntas. Ufff. “Jaaaa” (Siii), respondo ciscándome en todo. Se ríe, apalanca un poco más y me suelta.
Cuando me alejo, le suelto una patada en el muslo izquierdo. Mi mirada se cruza con la de Pepe, que abre mucho los ojos y niega levemente con la cabeza en cuanto se la suelto. El pobre… lo que está sufriendo esta tarde.
Sifu se levanta, me entra, vuelvo a defender. Lo hago bien. Se aleja, le entro en cuña y… fallo. He entrado un poco ladeada. Me gana la espalda y me coge por detrás. Esta vez mi defensa está clara. Siempre le puedo echar la culpa al sufrido de mi profesor XD.
- Si te coge por detrás: Prueba a pisar, dar patadas o cabezazos.
Le intento dar un par de codazos, pero apenas puedo tirar los brazos para atrás. Guay. Plan B. Pisotones, se lleva unos cuantos, y patadas a las espinillas. No me planteo si lleva puestas las espinilleras o no. Yo sí, me las pongo por defecto, así que si él no las lleva…. Sigue sin soltarme. Mola. Le suelto un par de cabezazos. Weno, más de un par. Como cuatro o cinco. De los cuales, he de decir en mi descargo, que sólo le llegaron 2 ó 3, los demás dieron en sus hombros, o por ahí. Pero nada. No le hacen efecto. Y si lo hacen, no lo parece.
Me levanta en peso y hace como que me va a empotrar contra el suelo. Pongo los pies, él frena ese golpe y me suelta. “Ves, los cabezazos no hacen nada” y sonríe. Me alejo. Me tiende la mano. Me acerco poco a poco. “Komm, ist aus” (Venga, se acabó). Buff, le doy la mano. “Danke” (Gracias) le digo por costumbre, más que nada. En esgrima, cuando terminas un combate, ganes o pierdas, le tienes que dar la mano al contrario y decir gracias, así que… Sonríe, me contesta con otro “Danke” y se va a por Alex.
Cuando terminan los exámenes y antes de entregar los diplomas, Sifu nos dice que está muy contento con el nivel de Murcia y que “lo que más me ha gustado y sorprendido han sido las chicas. Se defienden muy bien”, etcétera. Se empiezan a repartir los diplomas, Marcos se acerca a Fuensanta y a mí. “Jolines, muy bien las dos. No había visto a Sifu dar esa caña a una chica en segundo. Normalmente se espera a cuarto o quinto pero…”
Se queda ahí. Pepe ha dicho su nombre. Poco después le toca ir a Fuensanta y dos nombres después a mí. Saludo, Sifu me entrega el diploma, le doy la mano, dos besos y me alejo pasando, literalmente, del protocolo. Teóricamente debería haberle dado la mano a los GT, pero como no me fío de Sifu, pues se me ha olvidado. Terminan de repartir los diplomas. Narciso y Juanra, GT los dos, nos felicitan. Pepe también, aunque añade un “pero lo hablaremos el lunes” sonriendo.
Me vuelvo a disculpar ante Sifu por el puñetazo y él vuelve a decirme que nada. Me sigue doliendo el hombro, por lo a veces lo muevo. Se me queda mirando.
“Te duele?”
“Si” le digo.
“Bueno, es que ibas a morderme”.
“¿Yo? No, no iba a…”
“No ibas porque no te dejé. Que si no te llevo al suelo…”
“No habría mordido, en todo caso, hubiera hecho el gesto de, pero sin llegar a”
Se ríe, me da una palmadita en el susodicho y ya bastante maltrecho hombro y empieza a hablar con otro. La madre que lo….
Marcos me informa de dónde impactó la patada que le di. Ejem… vaya por dios. Aunque la excusa de estar boca abajo sin tener mucho campo de visión es buena. Decido utilizarla cada vez que se me saque el tema. Nos vamos a cambiar y cuando salimos del vestuario, nos quedamos hablando un poco por ahí. Aparecen Pepe y Sifu hablando de nosotras. Mencionan, entre otras cosas el puñetazo. Rediós.
“Tschuldigung”, murmuro cuando Sifu pasa a mi vera. Me da un capón flojitoy se ríe.
“¿Por qué?”
“Pues por…” hago el gesto de dar un puñetazo “el puñetazo”.
“¿Por qué? ¿Por el rocecito este de aquí?” pregunta pasándose el dorso de la mano por la cara.
“Si, bueno y por la… patada”
“¿Qué patada?, ¿el golpecito ese?”
“Bueno…. Ssi… supongo”
“Nada, que no preocupes, en serio” dice riéndose.
Poco después, se despide y se va. Los tíos que quedan por ahí comentan la dureza de las partes blandas de Sifu. Pepe nos dice que se ha ido muy contento. Que ha dicho que el nivel ha sido muy bueno y que las chicas… “son cañeras”. Nos despedimos. El lunes, más. Y en mayo, también.
lunes, 1 de marzo de 2010
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