En teoría y sobre el papel estamos preparados técnicamente, en mayor o menor medida, para enfrentarnos a una agresión pero llega el día en que a uno se le pasa por la cabeza cierta historia que, si bien es hilanrante, puede llegar hasta a preocupar.
Se cuenta que le sucedió a un GT que, mientras paseaba con su mujer, le intentaron atracar. Hasta ahí, bien. Uno piensa: pobre atracador, que no sabe a quién le ha ido a robar... le van a dar hasta en el DNI... Y se sigue pensando: el GT, como GT que es, va a intentar primero que no le roben y segundo no soltarle un par de puños mediante el talante y el diálogo pero en caso de no funcionar... IAAAAAAA!! tarjeta de presentación al canto. Pero no.
Lo hilarante y preocupante del caso es que el tío salió corriendo cual conejito asustado ante un león, dejando a la mujer ahí plantada en medio de la calle, cual árbol en un parque. Tras hacerse los 100 metros lisos que ya los quisiera para sí Usain Bolt, recordó que estaba casado y todo ese tipo de nimiedades mundanas y regresó al lugar de autos donde su señora le esperaba, poco menos que casi comiendo pipas, sola. El atracador, al ver la reacción del super GT, también había salido corriendo pero en dirección contraria.
Pues bien, aparte de los posibles "y si..." que puedan surgir, todo esto da que pensar. Si un GT en una situación como esta sale corriendo... ¿qué no haría un segundo o incluso un noveno GA?
Cabe preguntarse si a nivel psicológico-reaccionario se está entrenando de forma adecuada a cualquiera que practique aamm con el fin de la defensa personal. Cierto es que no es aconsejable reproducir una situación de estrés real en una clase pero ¿hasta qué punto sería factible elevar ese nivel de estrés durante un entrenamiento para que se asemeje a una situación real sin llegar a ser contraproducente o la extenuación fisico-psicológica del alumno?
Algunos pensarán que lo mejor es salir corriendo. Correcto pero... y si no se puede, ¿qué? Si están en un callejón sin salida o, volvemos al GT de antes, vas con alguien... ¿sales corriendo? Instinto de supervivencia, dicen. Sí, pero si volvemos al callejón... ¿sales corriendo?
Otros optarán por el enfrentamiento, bien por necesidad (callejón) o bien porque sí. En este caso... ¿cómo lo hacemos? ¿Cabeza gacha, mirada esquiva, mostrando sumisión o cabeza alta, mirada fija en el agresor, mostrando desafío?
En el primer caso, cabe esperar que el agresor ataque con más arrojo al verse vencedor obteniendo dos respuestas posibles: una actitud de semi-total pasividad/pasotismo o una agresividad inusitada a tenor del análisis visual de facciones y gestos que provoque una interrupción, momentánea o total, del ataque.
En la segunda situación podríamos encontrarnos ante un agresor que o bien opte por retardar el ataque, dándonos tiempo a preparar una estragia de defensa-ataque, o por una retirada ante esa mirada desafiante o bien que acepte el desafío obligándonos a combatir o a intentar una retirada.
¿Cuál sería la opción más correcta, la más adecuada?
Se admiten sugerencis. ¿Jugamos?
[Tribulación y razonamientos provocados por hablar con un erizo ;-) ]
jueves, 11 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario